Nos toman el pelo

En la antesala del encuentro ante Boca Juniors se vivieron momentos de zozobra para muchos socios e hinchas canallas. Es que, producto de la incapacidad dirigencial y policial, centenares de canallas (como el de la foto) se quedaron fuera del Gigante por la decisión de cerrar las puertas cuando los inspectores municipales consideraban colmada la capacidad.

Durante la jornada del jueves, circuló por todo el país una foto de hinchas canallas trepándose para ingresar al estadio, aunque sociocanaya.com decidió no publicarla debido a que, pese a tratarse efectivamente del Gigante y de un hecho de esa naturaleza, no podemos dar fe de que haya ocurrido ayer y no en otra ocasión.

De todos modos, está claro que no existe articulación alguna entre nuestras autoridades y los organismos de seguridad para garantizar que los socios con cuota al día y que además compraron el bono puedan ingresar al estadio cuando llegaron con tiempo suficiente de antelación.

Puede tomarse como atenuante que las populares no son numeradas y allí es posible que se genere algún colapso. Pero, en la platea, y mucho más con los abonos adquiridos antes del torneo, no puede ocurrir una barbaridad semejante. Es una falta de respeto total y absoluta al socio.

A ello debemos agregarle, como ya es una costumbre, el maltrato policial en los accesos al estadio, con cacheos interminables, empujones, palazos y hasta caballos tirados contra la humanidad de los canallas.

El gran interrogante siempre pasa por saber quién nos defiende. Hace algunas semanas, el presidente salió en los medios con una carta que había elevado al jefe de Policía en la que se quejaba del maltrato sufrido por los socios en la previa de los partidos. Evidentemente, mucho caso no le hicieron.

A esta altura, parece difícil que la Comisión Directiva realice lo que jamás hizo a lo largo de sus tres años y medio de mandato. Pero, desde este lugar, solicitamos a todas las autoridades pertinentes que tomen cartas en el asunto. Nos pegan, nos maltratan y encima nos dejan afuera con entrada y abono en la mano. Una tomada de pelo.