¿A qué juega Central?

Existen algunos conceptos futboleros que se escuchan permanentemente en bares, charlas de amigos, asados y, lógicamente en las tribunas. O hasta en programas periodísticos. Uno de ellos, que motiva esta columna, tiene que ver con el ya clásico pero no extinto debate de la importancia de ganar y jugar bien o viceversa.

Es que, en el caso de Rosario Central, más allá de la muy pobre campaña en el torneo actual, es difícil objetar estadísticamente a Miguel Ángel Russo. Ocurre que el actual entrenador fue el artífice del ascenso a Primera División, la clasificación posterior a la Copa Sudamericana y el triunfo en los tres clásicos. No es una marca histórica ni mucho menos pero no deja de ser una marca interesante.

Por ende, la discusión gira expresamente por el otro carril: el juego de Central. O mejor dicho, a juicio de quien suscribe, el no juego que muestra el equipo de Miguel Ángel Russo en el año y medio que lleva en la máxima categoría salvo en honrosas excepciones que, paradójicamente o no, son justamente los clásicos.

No hace falta ser un erudito comentarista de fútbol para detectar las intenciones tácticas de nuestro conjunto. Basta con verlo 20 minutos para entender cuál es su plan A, el B y el C: tirar pelotazos desde donde sea a un gran cabeceador como Sebastián Abreu que, igualmente, ya denuncia sus 38 años en cada movimiento.

Sin juzgar al delantero uruguayo, es difícil comprender cómo en la alta competencia la estrategia de un conjunto se reduzca a algo tan simple. De hecho, sólo podría justificarse si el centrodelantero en cuestión fuese un verdadero fenómeno o si tuviese a sus espaldas una defensa inexpugnable y los partidos se definiesen en meros detalles. Está claro que, en Central, no ocurre ni una cosa ni la otra.

Haberlo visto a Atlético de Rafaela - un plantel armado a los apurones y con enormes deficiencias -jugando en el Gigante con suma comodidad,  fue realmente un puñal al corazón. Aunque esto es lógico si se tiene en cuenta un dato que no es menor: el equipo de Sensini, como muchos otros, por lo menos, se armó de atrás para adelante e intenta defender con prolijidad, algo que Central indudablemente no hace.

Está claro que la semifinal de Copa Argentina es una verdadera tentación ya que nos brindaría la posibilidad de obtener un título a nivel local luego de mucho tiempo, la clasificación a la Copa Libertadores y el acceso a la Recopa Sudamericana. Indudablemente, un combo perfecto por dónde se lo mire.

Sin embargo, de la pregunta que subyace del título del artículo, aparecen dos respuestas poco tranquilizadoras: ¿A qué juega Central entonces? Al pelotazo por momentos y directamente a nada en otros. Y los resultados, desafortunadamente, son una consecuencia lógica y correlativa del nivel colectivo de cualquier equipo de fútbol.

No pretende esta columna de ninguna manera poner en tela de juicio la continuidad del cuerpo técnico. Sí, en cambio, reclama una versión del equipo que se parezca muy poco a la que hemos visto últimamente ya que, en materia resultados y especialmente en lo futbolístico, ha estado muy lejos de las pretensiones hasta del hincha más pesimista. ¿Esto es Central? Si es así, por lo menos, con este humilde hincha no cuenten.