El día después de mañana

Me permito copiarle al staff de SOCIOCANAYA, la idea de utilizar un filme hollywoodense como idea-fuerza para una nota, emulando la excelente “Hechizo del tiempo” por ustedes publicada hace unos días.
Nuestra vida siempre está llena de problemas. Lejos de asustarnos, diariamente los sorteamos hasta sin darnos cuenta. Pero lo peor que nos puede pasar es no conocer la raíz de un problema, porque sin ese entendimiento será difícil llegar a una solución; y practicaremos el remanido “prueba y error”, que en carne propia sufrimos los Canayas.
La raíz del problema que sufre nuestro club es FUTBOLÍSTICA. La mayoría de los jugadores que hoy tienen el honor de vestir nuestra camiseta se fagocitaron a casi una decena de técnicos… Analicemos esto: pocos entrenadores hacen un sacerdocio de su profesión y, con matices, todos se dedican a esto por dinero. Obviamente, esto es fútbol, esto es un negocio, ergo: ESTO ES POR PLATA. Por ende, estos entrenadores intentan tener buenos resultados, porque asi tendrán renombre y podrán cobrar sus excelentes sueldos y escalar posiciones, como en toda profesión. Por esto los técnicos que pasaron por Central no murieron en ningún caso con la suya, no se trataba ni de Menotti ni de Mouriño… Recordemos por caso cuando nos asustamos porque el equipo de Mostaza salía con tres delanteros. Si cada técnico prueba diez tácticas distintas, nos encontramos frente a una base de jugadores incapaces de rendir decorosamente en aproximadamente 100 esquemas!!!
Entonces, ¿podemos sinceramente seguir creyendo que no sabemos la raíz del problema? Claro que la sabemos, que sea difícil cambiar a un plantel de aproximadamente 15 jugadores es otro tema (aclaro que no me parece imposible) pero esa es sin dudas la clave de nuestro problema.
Omar Arnaldo Palma, el Tordo, el Negro, fue el mejor jugador que tuve la dicha de observar vestir nuestra camiseta. Era un eterno dilema para sus marcadores saber qué iba a hacer, pero de algunas cosas podían estar seguros tanto ellos como nosotros: no se escondía, no la rifaba, y no tenía miedo.
Recuerdo claramente una sola de sus jugadas más típicas, los saques laterales en tres cuartos de cancha los recibía él, apoyando el cuerpo en su marcador sabía si lo tenía a su derecha o a su izquierda, giraba para el otro lado y tiraba el pase de chanfle interno o de tres dedos, siempre a la medialuna del área, convirtiendo de este modo un inofensivo saque de banda en una situación de peligro. Ni hablar de los tiros libres cercanos al arco rival. Hace más de 10 años que no volví a ver esa jugada en el Gigante.
No tenía miedo de poner un pase de 40 metros ni de pegarle al arco, ni de encarar rivales, ni de lesionarse. Jugó hasta los 40 años en forma más que aceptable. Y también era patrón en el vestuario, y ningún pibe se animaba a pasarlo en el pelotón de entrenamiento para correr más que él, porque con una seña simple el negro lo ubicaba atrás. O sea, no era la madre Teresa, simplemente sabía rendir donde tenía que rendir, o sea dentro de la cancha.
Seguramente hoy tenemos grandes jugadores en las prácticas. No creo que Valentini por ejemplo juegue mal en algún entrenamiento, seguramente a Rivoira le hizo recordar al gran Franz… pero a la hora de la verdad y cuando es por los puntos, lo habrá sufrido tanto como nosotros. Si a Figueroa los juveniles en las prácticas tienen prohibido marcarlo con rudeza, o siquiera caderearlo porque lo desacomodan fácilmente, pensemos la alegría de los rivales cuando lo ven en la nómina del once titular. Y así podría seguir sin dudas con muchos de nuestros titulares, porque la pura verdad está en el verde césped y 11 contra 11, cuando los pergaminos no entran en la cancha, y cada fecha hay que revalidarlos, como nuestro actual técnico sabe y se encargaba de demostrar.
Me fui un poco de la idea, y seguramente el personaje de Dennis Quaid en la película quedó tan tapado en esta nota como la cabeza de la estatua de la libertad, pero creo que estamos viviendo el día después de mañana, cuando nuestros “ídolos” se cayeron, y al fin tenemos un técnico, que además fue IDOLO, y que sabe que la única verdad en el fútbol consiste en tener un equipo que sea superior a cualquier rival dentro de una cancha durante poco más de 90 minutos.
Porque estamos jugando una categoría que no merecemos los HINCHAS, pero si éstos jugadores, y entonces no pueden nuestros “ídolos” quejarse porque tienen que pisar barro para llegar a la cancha de Patronato. ¿Querían una alfombra roja?
No pueden nuestros “ídolos” fastidiarse porque para jugar en “una cancha de mierda” como la de Deportivo Merlo tienen que atravesar “kilómetros de villas miseria“. ¿O acaso pretendían que los bajemos en helicóptero?.
No pueden nuestros “ídolos” quedarse ocupando un espacio dentro de una cancha cuando no están en condiciones de correr diez metros un bondi.
A este real IDOLO que fue Omar Arnaldo Palma, a quien también le tocó jugar y lucir en canchas de mierda y en canchas de primera, mis más sinceros respetos, y toda mi confianza.
Y a los gobernantes de turno: DESPIERTEN! Dejen de cuidarse el culo o cizañarse entre sí, manga de ineptos! Si no tienen los huevos para tomar decisiones tremendas dejen el lugar a otros que estén capacitados.

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