El fin de Merlo; La hora de Belloso

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Ante las circunstancias deportivas que realmente nos duelen y preocupan, debemos referirnos por primera vez desde que asumió la actual directiva a las responsabilidades de Gonzalo Belloso, que debe ser evaluado por la labor en el cargo que ocupa y no por su condición de ex futbolista querido por los hinchas.

Mientras escribíamos estas líneas recordábamos una carta abierta enviada por el propio manager al por entonces presidente Usandizaga en la que utilizaba como analogía que el hecho de haber pasado toda su vida frente al Río Paraná “no lo convertía en ingeniero naval”, lo que daba a entender que por el sólo hecho de concurrir a la cancha el ex mandatario no podía afirmar que sabía de fútbol.

Lamentablemente, en este momento es preciso preguntarnos si el antecedente de haber sido futbolista e hincha del club, además de su efímero paso como director deportivo de Olimpia de Paraguay, lo habilita al propio Belloso a ejercer como responsable futbolístico en un momento tan delicado de la institución – el más difícil de la historia según el criterio de muchos-.

De más está decir que ningún integrante de este portal duda de la honestidad y el carisma de Gonzalo Belloso, que fue el artífice principal que tuvo Raza Canalla para imponerse en las elecciones. De hecho, varios de los integrantes de sociocanaya.com sufragaron por la agrupación movilizados por la presencia del ex atacante.

Pero lamentablemente, nuestro club es una muestra cabal de que siempre se puede estar peor. Cuando todos pensábamos que con la pérdida de categoría habíamos tocado fondo y llegaba la hora de resurgir, pasadas ocho jornadas nos encontramos en zona de promoción a la B Metropolitana, con solamente 9 unidades sobre 24 en disputa y el fracaso de un entrenador cuyo ciclo está absolutamente terminado y debe ser interrumpido cuánto antes.

Ante semejante panorama, la responsabilidad pasa pura y exclusivamente por el manager y los dirigentes, ya que los hinchas hemos colmado el estadio, batido récord en cantidad de votantes, superado los 40 mil socios, desafiado la restricción al ingreso del público visitante, eliminado cualquier intento de la minoría fresca de movilizarse en la ciudad. Pero mal que nos pese nada más podemos hacer.

Si se analiza lo producido por el equipo en los ocho encuentros jugados, es imposible ocultar que Rosario Central posee la cantidad de puntos que se merece, ya que en todos y cada uno de los encuentros arrojó más dudas que certezas y en ningún momento brindó atisbos de consolidar un equipo con serias aspiraciones de pelear por el ascenso.

Y en este rubro, la responsabilidad mayor debe ser adjudicada a la dirigencia y, por decantación, a Gonzalo Belloso, que es el hombre fuerte en el área deportiva, y se equivocó claramente al contratar a un entrenador que no conoce la categoría, que se equivoca en los planteos de los encuentros, que no es capaz de mantener la armonía dentro del grupo y, por si fuera poco, desconoce la idiosincrasia del hincha de Rosario Central.

A pesar de la efectividad numérica que había conseguido en su anterior paso por el club, su oscura salida y las pobres producciones del equipo hacían presagiar que un segundo ciclo de Merlo en nuestra institución podía acabar de este modo. Solamente una manifestación minoritaria e irresponsable como la del ex secretario Milicic podía sostener tal tropelía. Pero siempre se puede estar peor. La actual CD, después de mentir con la llegada de Burruchaga, compró el humo del paso a paso. Y los resultados están a la vista.

Tampoco eluden a las decisiones de Belloso y la directiva la contratación de los refuerzos, ya que hasta el momento la gran mayoría demostró que no se encuentra a la altura de Rosario Central. En este aspecto, cabe recordar que en un primer momento el manager habló de “colocarse el chip de la B” para luego mutar a “armar un equipo de Primera”. A juzgar por los rendimientos exhibidos, no pudo capitalizar ninguno de los dos aspectos.

La solicitud de “paciencia” del presidente sólo logró echar sal a la herida de una hinchada que, desde todos los puntos de la ciudad y el país, dejó en claro que la ridícula puesta en escena ante Ferro debió ser la última de Reinaldo Merlo al frente de nuestro equipo, por lo que la comisión directiva y Belloso tienen la obligación de despedirlo o solicitar su renuncia si el entrenador no tiene deseos de dimitir.

Después de haber caído en pleno Gigante ante San Martín de Tucumán, de haber perdido con un equipo de veteranos al borde del ocaso como Almirante Brown, sólo nos restaba ser vencidos por un equipo que no había entrenado en toda la semana y cuyo goleador posee una panza digna de un luchador de sumo. Quienes conducen el club deben entender que los hinchas apoyamos, aguantamos y acompañamos pero que no comemos vidrio y mucho menos somos estúpidos.

Tal como manifestamos en el comentario del partido, el ciclo de Reinaldo Merlo se encuentra acabado y ni siquiera un triunfo el próximo fin de semana puede maquillar el sombrío panorama. La falta de ideas del equipo, los desplantes de los futbolistas, la pobre cosecha de puntos y todo lo que es de público conocimiento obligan a cambiar de forma urgente a la cabeza del grupo.

Claro que luego habrá que acertar en la designación de su reemplazante y hacerle entender a los jugadores que si no están preparados para asumir el desafío deben buscar otros horizontes. Es hora de que Gonzalo Belloso, líder espiritual y moral de esta comisión directiva y responsable del fútbol del club, tome el toro por las astas, adopte las decisiones necesarias y aporte las cualidades que los socios creyeron que poseía a la hora de votarlo.

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Domingo, 15 de Octubre de 2017