Se suman papelones...

Está claro que en el fútbol todo análisis debe partir desde el resultado. Pero también es cierto que hay formas y formas de perder un partido. Y lo producido por Central en el Monumental fue realmente muy pobre y preocupante, en el marco de un rendimiento deslucido que desde hace rato se le advierte al equipo de Leo Fernández, a pesar de que las estadísticas aún sean relativamente aliadas del cuerpo técnico.

Injusto sería cargarle todas las tintas al entrenador que recibió un plantel casi sin refuerzos y a la deriva de un ciclo lamentable como el de Montero. Pero también es cierto que no logró darle una identidad de juego, que el promedio de un lesionado por partido es insostenible y que ver a Central tirado en la cancha como éste domingo es realmente doloroso.

Tal vez confunda un poco el dato de que River necesitó casi tres cuartos de hora para abrir el partido. Pero en todo momento fue el conjunto de Gallardo el único con intenciones de dominar el encuentro y generar daño a su adversario. Central se conformó siempre con tirar pelotazos y tener la pelota lejos del arco de Ledesma, aún cuando la defensa de River hizo todo lo posible para invitarnos a atacarla.

Podríamos recaer en el análisis puntual de los dos goles millonarios donde hubo errores (algunos graves) de varios futbolistas. Pero la realidad es que la ventaja del equipo de Gallardo estuvo siempre al caer. Central no daba dos pases seguidos, no cruzaba mitad de cancha y todo se hacía cuesta arriba, mucho más cuando el colombiano Cabezas –de buena tarea- debió irse reemplazado por lesión y el técnico decidió mandar a Martínez al fondo y dejar de volante central a Pereyra, que pagó carísima su falta de marca.

Sobre el final, Franco Armani le ahogó el descuento a Ruben que hubiese servido solamente para cortar la racha negativa de nuestro capitán. Pero la victoria de River no puede discutirse bajo ningún aspecto. Y, en lo que a Central concierne, poco se puede discutir luego de una actuación tan pobre y un planteo táctico donde parecía que el arco de enfrente no se había considerado.

Las posibilidades de ingresar a la próxima Sudamericana van quedando muy lejanas y el semestre se reduce al choque de vuelta con San Pablo y a sumar la mayor cantidad de unidades posibles para que el futuro no sea complejo. Preocupa lo mal que juega el equipo, la cantidad de lesiones, las escasas respuestas tácticas y la realidad de un plantel que, en los últimos encuentros, a excepción de Tobio, Cabezas y algunos pibes salvadores, ha sido un verdadero mamarracho.