Dirigentes y jugadores: Este Central da vergüenza

El fin del ciclo de Leo Fernández al frente del primer equipo de Central no puede sorprender a nadie. Su equipo hace rato venía en caída libre y a esta altura, después de la dura derrota ante Defensa y Justicia, no había resultado ni rendimiento que pudiese sostenerlo. Los jugadores lo respaldaron en los micrófonos pero dentro de la cancha hicieron poco para mantener vivo el proceso del ya renunciado cuerpo técnico.

Tal como dijimos la semana anterior, está claro que Leo y su grupo tienen responsabilidad por no haber encontrado identidad de juego ni siquiera en el mejor momento y no haber sabido cómo revertir la caída libre en las últimas fechas. Pero claro, ya es el segundo entrenador que se devora un plantel caro de jugadores que, en su mayoría, no justifican ni siquiera el hecho de vestir nuestra camiseta.

Se fue Fernández, con un ciclo de 28 puntos que estadísticamente no es tan negativo, pero queda un plantel de futbolistas en pésimo momento en los que se deberá trabajar el factor físico y anímico, además del deportivo, y reforzarlo como corresponde, si es que se pretende no sufrir con la tabla de promedios.

En este último rubro, hay una clara falencia de la Comisión Directiva que erró groseramente en los últimos mercados de pases –algo que tampoco logró subsanar con la designación de Mauro Cetto como mánager- y que todo lo bueno se que vendió ya quedó en el camino para traer jugadores que no sirvieron para absolutamente nada, salvo honrosas excepciones.

Es necesario también un replanteo de jugadores que supieron darnos mucho pero hoy nos entregan una versión realmente lamentable, como Marco Ruben y Paulo Ferrari, cuyos contratos terminan en junio. Esperamos que su corazón canalla les indique si realmente todavía están en condiciones de jugar en el alto nivel para nuestra institución.

Por otro lado, mamarrachos como Camacho, Fernández Tobio o Carrizo, por citar algunos ejemplos, nos tienen absolutamente hartos y deberán ser revisados, al igual que el bajón del arquero Ledesma que, si bien tiene más plafón por sus pocos partidos en Primera, ha tenido una responsabilidad mayúscula en gran cantidad de goles en los últimos encuentros.

En definitiva, nada que rescatar. Ocurrió lo lógico. Un buen equipo como Defensa y Justicia se aprovechó de las miserias de Central y hundió el ciclo de un Leo Fernández que estaba ido desde antes de arrancar. Que no contaba con el respaldo de un vestuario que sigue devorando entrenadores como si nada. La Comisión Directiva, principal responsable de otro año tirado a la basura, tendrá que armar un plan serio si pretende no volver a pelear por la tabla que nunca quisimos ver. Empezaron hablando de campeonatos y terminarán la gestión buscando evitar el descenso. Paradojas, o no tanto.